En el mes aniversario de la pascua del Padre Moratiel, la escuela del Silencio lo recuerda con hondo agradecimiento compartiendo una carta brotada desde el corazón en aquel día 6 de febrero de 2006:

Carta desde el Silencio

 

Mi querido Moratiel, Mi dulce Amigo, Mi Cercano,

Solías decir: "Si queréis encontrarme, buscadme en el Silencio". Sabemos, sí, que tu    cercanía es para siempre, porque te podemos encontrar en el Silencio.

En esto sé que tu presencia está conmigo hasta mi último día.

 

Qué fácil era conocer a Dios, viéndote a ti vivir. Gustando tu paciencia, recibiendo tu acogida incondicional, tu no acepción de personas, saboreando ese don tuyo, para hacer que cada uno se sintiera el único, el comprendido, el disculpado, el sanado ... el amado.

Tú nos has mostrado con tu sencillez y delicadeza, cuáles son las maneras y las hechuras de Dios.

Tú nos has hecho unos privilegiados.

"A Dios nadie lo ha visto, sino el Hijo, y aquél a quien el Hijo lo quiere revelar..."

Tú has sido el libro hecho carne. Tu simplicidad, transparencia, humildad, amabilidad, y hasta el humor y la sonrisa de Dios.

"Si me buscáis...en el silencio me encontraréis"

Así es, como tú has dicho. Te encontramos en nuestros Silencios de cada día, y también cuando estamos reunidos en tu nombre, en los Encuentros del Silencio, dondequiera que tengan lugar, ahí celebramos tu presencia en medio de nosotros.

A muchos les asombra que no haya que hacer nada, ni organizar nada, sino que todo va como sobre ruedas: el horario, los encuentros en la capilla, el silencio corporal, la puntualidad, la fraternidad con que nos acogemos silenciosamente entre nosotros...

Nos sentimos portadores de un preciado legado y gozamos al poder vivirlo y continuarlo.

Tú aligerabas cada corazón cuando al final de un pequeño encuentro contigo decías: "Bendícele Señor, y pon Tu Paz en su  corazón." Sólo quedaba decir: "Amén", porque tus palabras se hacían realidad.

Has sido el gran aliviador del corazón.

Tú has encarnado el evangelio de Jesús. Tú has encarnado en tu vida lo que Él vivió, predicó, y enseñó. Él, ha sido tocable para nosotros, por ti.

Es bueno que tengamos una hermosa palabra para poderte decir cada día a la salida del sol y al ocaso: "¡Gracias!"

Que Dios te bendiga, por haber vivido, y a nosotros, por haber conocido tu Amor.